La energía que se libera cuando ocurre un sismo se propaga en forma de ondas que provocan movimientos que se perciben en la superficie. Estas ondas se clasifican en dos tipos: ondas de cuerpo, que se desplazan por el interior de la Tierra y ondas de superficie, que se originan a partir de que las primeras interactúan con la superficie terrestre.
El SASMEX utiliza principalmente las ondas de cuerpo en sus algoritmos, ya que, al analizar la energía liberada por el sismo y calcular la distancia a la ciudad que se quiere alertar, puede determinar si el sismo representa un riesgo y si es necesario emitir una alerta.
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