La Brecha Sísmica de Guerrero es una de las regiones que más interés ha despertado entre los especialistas en sismología de México. Se trata de un segmento de aproximadamente un centenar de kilómetros entre Papanoa y Acapulco, dentro de la zona de subducción del Pacífico mexicano, donde durante más de un siglo no se ha registrado un gran terremoto.
Durante décadas, este prolongado silencio sísmico alimentó la idea de que la región podría acumular una gran cantidad de energía y eventualmente generar un terremoto de magnitud superior a 8. Sin embargo, las investigaciones más recientes muestran que la realidad es mucho más compleja.
Una brecha sísmica es una zona donde, a pesar de encontrarse dentro de una región tectónicamente activa, no se han producido grandes terremotos durante un periodo considerable. En el caso de Guerrero, no se ha registrado un terremoto de magnitud 7.5 o mayor en aproximadamente 115 años.
Esta ausencia de grandes rupturas llamó la atención de los científicos desde la década de 1980, cuando comenzaron a estudiarse y mapearse las zonas de ruptura de los grandes sismos ocurridos a lo largo de la costa del Pacífico mexicano.
Una de las principales ideas asociadas con la brecha de Guerrero sostiene que el silencio sísmico podría significar una acumulación importante de energía entre las placas tectónicas. Bajo esta hipótesis, dicha energía podría liberarse mediante un gran terremoto.
Sin embargo, otra posibilidad es que parte de esa energía se libere lentamente mediante sismos lentos, movimientos tectónicos que pueden prolongarse durante meses y que son prácticamente imperceptibles para las personas.
Los estudios realizados en Guerrero han encontrado que estos fenómenos son comunes y pueden contribuir a disipar parte de la energía acumulada. Esto ha llevado a los investigadores a considerar que un gran terremoto sigue siendo posible, pero que la brecha de Guerrero podría ser menos propensa a generar uno que otras regiones cercanas.
Los sismos lentos son movimientos de las placas tectónicas que ocurren mucho más despacio que un terremoto convencional. Debido a su duración y características, pueden pasar desapercibidos para los instrumentos sísmicos tradicionales.
Su detección mediante sistemas GPS y, posteriormente, mediante instrumentos instalados en el fondo marino permitió conocer mejor lo que ocurre bajo la superficie de Guerrero. Los investigadores han observado que estos fenómenos pueden coexistir con los terremotos y, en determinadas circunstancias, incluso influir en su ocurrencia.
En 2017, un equipo encabezado por el investigador Víctor Manuel Cruz Atienza, del Instituto de Geofísica de la UNAM, instaló instrumentos geofísicos frente a la costa de Guerrero para estudiar los procesos tectónicos de la región.
Los equipos, colocados entre mil y cinco mil metros de profundidad, permitieron registrar movimientos y deformaciones extremadamente sutiles del fondo oceánico. Gracias a estos instrumentos se identificaron por primera vez sismos lentos bajo el mar en la zona de subducción mexicana.
Uno de estos eventos migró desde la fosa oceánica hasta la zona donde ocurrió el terremoto de Acapulco de septiembre de 2021, contribuyendo a su ruptura. Además, se detectaron deformaciones de la placa de Cocos relacionadas con una aceleración temporal de su velocidad de subducción antes de los terremotos de Huatulco de 2020, Acapulco de 2021 y Michoacán de 2022.
Uno de los descubrimientos más relevantes es la identificación de posibles cambios en el comportamiento de la placa antes de grandes terremotos. Los investigadores denominaron “jalones transitorios de placa” a estas aceleraciones temporales de la subducción.
Aunque todavía se necesita mayor investigación para determinar qué tan confiables son como indicadores, estos hallazgos podrían contribuir en el futuro al desarrollo de sistemas de monitoreo y, eventualmente, de alerta preventiva.
Es importante aclarar que los sismos lentos no siempre provocan terremotos. Su relación con los grandes sismos continúa siendo objeto de investigación científica.
¿La Brecha de Guerrero puede generar un terremoto? La respuesta es: sí existe la posibilidad, pero no puede determinarse cuándo ocurrirá ni asegurarse que será en esta región.
La investigación actual ha permitido alejarse de la idea de que el silencio sísmico significa automáticamente que un gran terremoto es inminente. Los nuevos datos muestran que debajo de Guerrero ocurren procesos tectónicos complejos que pueden liberar parte de la energía acumulada y modificar las condiciones de la zona.
Aun así, la región requiere especial atención debido a su cercanía con la Ciudad de México. De acuerdo con las investigaciones citadas, un terremoto de magnitud 8 en Guerrero podría producir en la capital sacudidas considerablemente más intensas que las experimentadas durante el terremoto de 1985.
La Brecha Sísmica de Guerrero continúa siendo un importante laboratorio natural para comprender cómo se generan los grandes terremotos. Los avances tecnológicos permiten observar procesos que anteriormente eran prácticamente invisibles y ofrecen nuevas pistas sobre la interacción entre las placas tectónicas.
Más que intentar predecir exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, el objetivo de estas investigaciones es comprender mejor los procesos que lo generan y mejorar el monitoreo de las zonas de riesgo.
La ciencia aún no puede determinar el momento exacto de un terremoto, pero cada nuevo instrumento, medición y descubrimiento permite conocer mejor el comportamiento de la Tierra y fortalecer la preparación de la población ante futuros eventos sísmicos.



