El 28 de julio de 1976, la ciudad de Tangshan, China, fue sorprendida por uno de los terremotos más devastadores del siglo XX. A las 3:42 de la madrugada, un sismo de magnitud 7.8, aproximadamente a 15 kilómetros de profundidad, sacudió esta ciudad industrial.
La mayoría de la población se encontraba dormida cuando ocurrió el movimiento. La intensidad de la sacudida provocó el colapso de numerosas viviendas y edificios, además de graves daños en la infraestructura de la ciudad. El balance oficial reportó alrededor de 240,000 personas fallecidas, aunque distintas estimaciones históricas han planteado cifras mayores.
Tangshan quedó prácticamente destruida y tuvo que ser reconstruida. El desastre puso de manifiesto la importancia de contar con construcciones resistentes, sistemas de monitoreo sísmico, preparación de la población y estrategias de reducción del riesgo.
Más que un acontecimiento del pasado, Tangshan representa una lección sobre las consecuencias que puede tener un gran terremoto cuando ocurre en una zona densamente poblada y con infraestructura vulnerable.
En 1976, cuando ocurrió el terremoto de Tangshan, no existía un sistema como el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX) que pudiera proporcionar a la población segundos de oportunidad antes de la llegada de las ondas sísmicas más intensas.
Actualmente, en México, el SASMEX utiliza una red de sensores para detectar determinados sismos y, cuando se cumplen sus criterios de alertamiento, emitir avisos que pueden proporcionar decenas de segundos de oportunidad a algunas ciudades antes de que lleguen las ondas sísmicas más intensas.
El desarrollo del Sistema de Alerta Sísmica de la Ciudad de México comenzó en 1989, el del Sistema de Alerta de Oaxaca para luego integrarse para formar el SASMEX desde 2012.
El terremoto de Tangshan demuestra que no podemos evitar que ocurran los sismos, pero sí podemos reducir sus consecuencias. La investigación científica, las construcciones sismo resistentes, la preparación y herramientas como el SASMEX forman parte de una misma estrategia, proteger vidas frente al peligro sísmico.
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