El 19 de septiembre de 2017, a las 13:14 horas, un sismo de magnitud 7.1 con epicentro entre los estados de Puebla y Morelos sacudió el centro del país. Aunque el terremoto fue el mismo para todos, la forma en que se sintió en la Ciudad de México fue muy distinta de una zona a otra. ¿La razón? El tipo de suelo y la respuesta de cada sitio.
Aquí es donde entra en acción la Red Acelerográfica de la Ciudad de México (RACM).
La RACM cuenta con una red de acelerógrafos distribuidos estratégicamente en la ciudad. Estos instrumentos registran la aceleración del movimiento del suelo durante un sismo, permitiendo conocer con precisión cómo vibró cada zona.
Gracias a estos registros fue posible comprobar que, durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, algunas estaciones registraron movimientos considerablemente mayores que otras, aun cuando estaban separadas por pocos kilómetros.
La Ciudad de México está construida sobre tres tipos principales de suelo:
- Zona de lago, formada por sedimentos blandos del antiguo lago de Texcoco.
- Zona de transición, donde las características del suelo cambian gradualmente.
- Zona de lomas, compuesta por materiales más firmes y rocosos.
Cuando las ondas sísmicas llegan a la ciudad, el suelo modifica su comportamiento. En las zonas lacustres, los sedimentos blandos hacen que las ondas disminuyan su velocidad, aumenten su amplitud y prolonguen la duración del movimiento. En contraste, las zonas de lomas suelen registrar movimientos de menor duración y amplitud.
Por ello, durante el mismo terremoto, una persona en la zona de lago pudo experimentar un movimiento más intenso y prolongado que otra ubicada en una zona de suelo firme.
Los registros de la RACM permiten comparar cómo cambió el movimiento del suelo en diferentes puntos de la ciudad.
Por ejemplo, durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, la estación de ubicada en zona de transición fue la que tuvo más aceleraciones por el hecho de que el sismo provenía de Morelos/Puebla.
La información obtenida por la RACM tiene múltiples aplicaciones:
- Mejorar el conocimiento del comportamiento sísmico de la ciudad.
- Evaluar cómo responde el suelo durante terremotos de distintas características.
- Actualizar los criterios del Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México.
- Diseñar estructuras más seguras y resistentes.
- Apoyar investigaciones científicas sobre el riesgo sísmico.
El sismo del 19 de septiembre de 2017 dejó claro que no toda la Ciudad de México vibra de la misma manera. Cada acelerógrafo de la RACM registró una parte distinta de esa historia, mostrando que el comportamiento del suelo puede cambiar significativamente de un lugar a otro.
Gracias a esta red de monitoreo es posible comprender mejor cómo se propagan las ondas sísmicas, reducir la vulnerabilidad de la ciudad y fortalecer las estrategias de prevención ante futuros terremotos.
Un mismo sismo puede generar registros muy diferentes. La RACM permite entender esas diferencias y convertirlas en conocimiento para construir una ciudad más segura.
Fuente:
http://www.cires.org.mx/racm_mapainteractivop/
https://www.gob.mx/segob/prensa/reporte-preliminar-por-sismo-magnitud-7-1
https://ciencia.unam.mx/leer/652/-que-ocurrio-el-19-de-septiembre-de-2017-en-mexico-



