

Aunque no lo veamos, el antiguo lago de la Ciudad de México sigue influyendo en cada sismo.
La Ciudad de México tiene una característica que la hace particularmente interesante desde el punto de vista sísmico: gran parte de su territorio está construido sobre lo que alguna vez fue un sistema de lagos.
Hace siglos, la cuenca de México estaba ocupada por grandes cuerpos de agua, entre ellos los lagos de Texcoco, Xochimilco, Chalco, Zumpango y Xaltocan. Con el paso del tiempo, estos lagos fueron reducidos y desecados, y sobre sus antiguos sedimentos se desarrolló gran parte de la ciudad que conocemos actualmente.
Pero que el lago ya no esté a la vista no significa que sus efectos hayan desaparecido.
Los antiguos depósitos lacustres están formados por arcillas y otros sedimentos blandos, que tienen propiedades muy diferentes a las de los terrenos más firmes.
Cuando las ondas sísmicas llegan a estos materiales, pueden experimentar un fenómeno conocido como amplificación del movimiento del suelo. En términos sencillos, las ondas pueden hacer que el terreno se mueva con mayor amplitud y durante más tiempo que en zonas donde el suelo es más firme.
Por eso, durante un mismo sismo, dos lugares relativamente cercanos pueden experimentar movimientos muy diferentes.
No significa que el sismo sea más grande en una zona que en otra. Lo que cambia es la manera en que el suelo responde al paso de las ondas sísmicas.
¿Por qué las ondas se amplifican? Imagina una gelatina y una superficie rígida. Si ambas reciben una sacudida, la gelatina tenderá a moverse de una manera más prolongada y oscilante.
Algo similar ocurre, a una escala mucho mayor, con los sedimentos blandos de la antigua zona lacustre.
Las ondas sísmicas que llegan desde el subsuelo pueden quedar atrapadas y reflejarse dentro de estas capas de sedimentos. Dependiendo de sus características, ciertos periodos de vibración pueden amplificarse considerablemente.
Este fenómeno se conoce como efecto de sitio.
Aquí entra en escena la Red Acelerográfica de la Ciudad de México (RACM).
La red cuenta con instrumentos distribuidos en diferentes zonas de la ciudad que registran cómo se mueve el terreno durante un sismo. Estos registros permiten comparar el comportamiento sísmico entre distintos tipos de suelo.
Al analizar los datos obtenidos por los acelerógrafos, los especialistas pueden estudiar:
- Dónde se mueve más el terreno.
- Qué tan intensa es la aceleración registrada.
- Cuánto dura el movimiento.
- Qué características tienen las ondas registradas.
- Cómo responde cada zona de la ciudad dependiendo de su tipo de suelo.
Estos datos son fundamentales para comprender los efectos de sitio y para desarrollar conocimientos que contribuyen a mejorar el diseño y la seguridad de las construcciones.
La Ciudad de México suele dividirse, desde el punto de vista geotécnico, en tres grandes zonas: Lomas, Transición y Lago.
La zona de Lago corresponde, de manera general, a los depósitos de antiguos ambientes lacustres y presenta suelos particularmente blandos. En estas áreas, las ondas sísmicas pueden amplificarse de manera importante.
La zona de Lomas, en cambio, se caracteriza por terrenos más firmes. Entre ambas se encuentra la zona de Transición, donde las características del subsuelo cambian gradualmente.
Esta diversidad explica por qué la experiencia de un sismo puede ser diferente de una zona a otra dentro de la misma ciudad.
Cada vez que ocurre un sismo, los instrumentos de la RACM generan información que permite observar cómo responde la ciudad.
Décadas de registros han ayudado a construir un conocimiento detallado del comportamiento sísmico del Valle de México. Estos datos permiten estudiar la relación entre las características del subsuelo y el movimiento que experimentamos en la superficie.
Así, el antiguo lago no es solamente parte de la historia de la Ciudad de México: su legado geológico continúa influyendo en la manera en que la ciudad se mueve durante un sismo.
¿Sabías que? El tipo de suelo puede hacer que el movimiento sísmico sea más intenso y prolongado en algunas zonas que en otras, incluso cuando se trata del mismo terremoto.
El lago desapareció de la superficie, pero sus sedimentos siguen ahí y la RACM nos ayuda a escuchar cómo responde ese antiguo suelo cada vez que la Tierra tiembla.
Fuente:
https://www.gaceta.unam.mx/es-cdmx-una-gran-gelatina-en-su-zona-sismica-y-lacustre/
https://monopolio.com.mx/recursos/donde-se-sienten-mas-los-sismos-cdmx
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