En esta serie te contaremos de personajes célebres que han hecho grandes aportes a la cultura sísmica, dando como resultado lo que hoy sabemos y salvando vidas a través del tiempo.
En esta entrega te contaremos de Nicolás Lémery, quien fue un químico francés, que vivió entre 1645 y 1715: oriundo de la ciudad de Rouen, Francia, proveniente de una familia protestante de la burguesía francesa.
Inició sus aprendizajes como boticario en la farmacia de su tío materno dentro de su ciudad local, posteriormente viaja a Paris bajo la tutela del químico suizo Christophe Glaser, apotecario del rey Luis XIV a lo que renuncia para irse a estudiar medicina en la Universidad de Montpellier.
A los 30 años publicó su obra más famosa, Cours de Chymie, un libro que se convirtió en el manual de química más influyente durante más de un siglo y fue traducido a varios idiomas. Su éxito se debió a que transformó fórmulas complejas en claros experimentos, basados en métodos sencillos y fáciles de comprender.
Lémery defendía que la naturaleza podía explicarse reproduciendo sus efectos en el laboratorio mediante causas semejantes. Por ello realizó diversas experiencias, con pequeñas variaciones en las condiciones, como parte de sus cursos de química en París. Estas investigaciones fueron presentadas ante la Académie des Sciences y publicadas en sus Mémoires, lo que permitió una amplia difusión de sus ideas en Europa.
En su trabajo propuso una causa común para fenómenos como los fuegos subterráneos, los terremotos, los volcanes, los relámpagos y los truenos, manteniéndose cercano a la tradición explicativa de Aristóteles. Según Lémery, estos fenómenos eran resultado de explosiones y fermentaciones químicas en el subsuelo, provocadas principalmente por la reacción entre azufre, hierro y vapores atrapados que, al buscar una salida, sacudían la Tierra.
Debido a la persecución religiosa contra los protestantes, Lémery se vio obligado a huir a Londres. Tiempo después regresó a París, se convirtió al catolicismo y logró recuperar su laboratorio y su prestigio académico. En sus últimos años se dedicó a escribir nuevos libros y tratados científicos, hasta su muerte, ocurrida tras sufrir severos ataques de parálisis y apoplejía.
Fuentes:
https://revistas.usal.es/dos/index.php/1576-7914/article/view/cuadieci201516311337

