En la entrega anterior exploramos el náhuatl, una lengua clave en la historia de México. Hoy continuamos nuestro recorrido con el otomí, una de las lenguas originarias más antiguas del país, viva hasta hoy y portadora de una profunda herencia cultural.
La lengua otomí es una de las lenguas indígenas más antiguas y representativas de México, siendo un término de origen náhuatl que significa «flechador de pájaros» o «el que camina con flechas», en alusión a sus actividades de caza, aunque los propios otomíes se autodenominan hñähñu o n’yühü. Forma parte del patrimonio cultural de los pueblos originarios y continúa siendo un elemento fundamental de identidad para miles de comunidades que la hablan y preservan hasta la actualidad.
Continuamos con las entregas sobre cómo se escribe la palabra “sismo” en algunas lenguas indígenas. La infografía que corresponde a esta entrega es la lengua otomí.
Se autodenominan hñähñü de hñä hablar y hñü, nariz; es decir los que hablan la lengua nasal o los que hablan dos lenguas.
Según datos del Sistema de Información Cultural del Gobierno de México, la población de hablantes de otomí es de 350,368.
Algo de historia
Llegaron al altiplano procedentes del oriente o del sur de las costas del Golfo de México, se les asocia con los olmecas.
Durante la conquista española, los otomíes se aliaron con los españoles para liberarse del imperio azteca. Durante el siglo XVIII muchos otomíes fueron expulsados hacia zonas más áridas y marginales.
Localización
Se distribuyen en los estados de Guanajuato, Michoacán, Tlaxcala, Hidalgo, Estado de México, Querétaro, Veracruz, Puebla, Ciudad de México y Tamaulipas.
En el estado de Hidalgo se concentra el mayor número de la población otomí, en el Valle del Mezquital. El segundo lugar lo tiene el Estado de México.
Lengua
El pueblo otomí habla variantes lingüísticas pertenecientes a la familia lingüística oto-mangue. Sus lenguas hermanas son el mazahua, el matlatzinca y el tlahuica.
SASMEX en la zona
El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), tiene sus estaciones sensoras en la región sísmica más activa del país a lo largo del océano Pacífico; y coincide la localización de este grupo otomí en los estados de Michoacán y Puebla.