En la vasta literatura fantástica, pocas criaturas son tan emblemáticas como Gran A’Tuin, la inmensa tortuga estelar que surca el espacio en la saga Mundodisco de Terry Pratchett. Según la leyenda de este universo, Gran A’Tuin transporta sobre su caparazón cuatro gigantescos elefantes, y sobre ellos descansa el propio Mundodisco: un mundo plano cubierto de mares y continentes.
Aunque se trata de una creación literaria, Gran A’Tuin se nutre de una larga tradición de mitos en los que animales cósmicos sostienen la Tierra, una idea que conecta de manera sugerente con la forma en que algunas culturas explican fenómenos naturales como los terremotos.
Desde hace milenios, distintas civilizaciones han atribuido los sismos al movimiento de criaturas que sostienen el mundo:
Mitología hindú: se hablaba de una tortuga cósmica (Kurma) y de serpientes que, al agitarse, provocaban terremotos.
Tradiciones nórdicas y japonesas: aluden a gigantes o peces que, al moverse, hacen vibrar la tierra.
En este contexto, Gran A’Tuin es una versión moderna y humorística de esas narraciones: si el mundo reposa sobre una tortuga que nada en el espacio, cualquier cambio de rumbo, sacudida o estiramiento de sus aletas podría, en teoría, desencadenar sismos en el Mundodisco.
La gracia de la obra de Pratchett está en que, pese a su fantasía, deja ver una crítica sutil:
En el Mundodisco, sabios y astrónomos discuten si Gran A’Tuin se dirige a algún lugar específico o si algún día se apareará con otra tortuga estelar, eventos que podrían sacudir el mundo entero.
En la realidad, los sismos son el resultado del movimiento de las placas tectónicas, pero el mito de un ser gigantesco recordaba a las sociedades antiguas que la Tierra es un ente vivo, en constante cambio.
Gran A’Tuin no provoca terremotos en nuestro planeta, pero su mito sirve como metáfora: la Tierra, al igual que la gran tortuga del espacio, está en constante movimiento, y de ese movimiento nacen los temblores que nos recuerdan la potencia de la naturaleza.
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