

El sismo del 19 de septiembre de 2017 marcó un antes y un después para la Red Acelerográfica de la Ciudad de México (RACM), un sistema administrado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES) que ha sido clave para el estudio del comportamiento del suelo capitalino durante los movimientos telúricos. A raíz de aquel evento, la red experimentó diversas modificaciones tecnológicas que hoy la convierten en una herramienta más precisa y eficiente para la protección civil y la investigación sísmica.
Previo al 19 de septiembre de 2017, la RACM contaba con 81 equipos de registro acelerométrico distribuidos de la siguiente manera: 65 en superficie, 7 instalados en estructuras (como edificios) y 9 en pozos.
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